Nacionalismo y coloniaje

◘ [Con el gobierno de Belzu] Por primera vez, el pueblo sin conductores intelectuales, reacciona en defensa de su destino histórico, evitando la ruta que la clase docta pretende señalar a los acontecimientos.

◘ Carente de su clase directora, del anhelo de la nacionalidad y desposeída sistemáticamente de sus medios de fortalecimiento, llega a Bolivia al minuto de crisis de su despauperación , de su anemia, cuando Chile llega a su vez al minuto crítico en que su nacionalidad requiere confirmaciones materiales. A esto se llama “estar preparado para la guerra”. A lo que hizo la casta dominadora en Bolivia, se llama “estar preparado para la derrota”. Debe recordarse que dos legislaturas rehusaron conceder al presidente Balliván los medios con los cuales podía arbitrarse dinero para adquirir barcos de guerra y material bélico. Aun la fe mística y puramente adoratriz de la ley y de su vigencia inviolable, fue un preparativo de aquel vencimiento. Chile pisoteó los tratados internacionales, porque no creía en la virtud esencial de la ley, y creía, más bien, en la virtud tónica del salitre boliviano y el cobre del Perú. Pensamiento absolutamente contrario al que dominaba en Bolivia, en la capa docta de Bolivia. Era convicción de ésta, que la ley, y no las riquezas propias, constituye el sostén de la vida y el secreto de la fortaleza nacional.

◘ Es indispensable remarcar que las personalidades más poderosas de nuestra historia —con exclusión de José Ballivián y de Linares— pertenecieron, por su origen, a las clases inferiores.

◘ Su insensibilidad histórica [del periodismo], vale decir su aversión al pasado que es lo genuinamente nacional, se expresa como tendencia transformadora de Bolivia, tendencia que plantea el tema central de la comedia: este país quiere ser oro país. Diciéndolo a manera de Pirandello: es un personaje en busca de autor.

◘ Los ferrocarriles tecnificaron solamente la economía colonial, acelerando el ritmo con que se vaciaba de materias primas el país, desde los tiempos pre-republicanos. Parece casi un símbolo el hecho de que los rieles fueran tendidos de las minas a los puertos, a lo largo de los caminos que utilizó el viejo coloniaje. Por este cause de hierro fluyeron más caudalosos los minerales nativos hacia el mar, para enriquecer a Europa, sin que se derramara gota de su urbión fecundo sobre la geografía boliviana.

◘ Los nombres asignados a ambas administraciones [gobiernos conservadores y liberales] no significan por cierto oposición ideológica ninguna entre ellas. Las dos rendían devoción idéntica al pensamiento liberal, individualista y constitucionalista. Su alternabilidad en el poder, a semejanza de la de demócratas y republicanos en Estados Unidos, o la de liberales y conservadores en Inglaterra, varía solamente —cual ha dicho Laski en La democracia en crisis— como cambio de una rama de la clase privilegiada, por la otra, en el ejercicio del gobierno.

◘ [Citando a Belzu] “¡vaya Ud. a ver ese empeño de algunos hombres que manejan allí la política! de querer quitarle a Bolivia el único bien que le queda…; hablo de la ventaja que tiene sobre todas las demás repúblicas y aun sobre todas la naciones del mundo, de no tener deuda exterior. Este es el único bien que le queda a nuestra patria y que sería preciso conservárselo a toda costa. Pero si por desgracia la empeñan con algún empréstito en el extranjero, ¡adiós Bolivia!”

◘ Hoy no puede ya dudarse de que a ideología política de aquellos tiempos [el siglo XIX] era un edificio de simples palabras, una mera suposición retórica, hija de la cultura intelectualista del siglo XIX, que creía en la omnipotencia del cerebro humano. Las invenciones técnicas y los descubrimientos científicos dieron base a su ilusión de que la inteligencia del hombre podía crearlo todo, reduciendo la naturaleza y la humanidad a obedientes instrumentos de la imaginación, a puñados de cera que la “élite” intelectual moldearía cuando y como quisiese.

◘ León Daudet enjuicia acerbamente la época en su libro El estúpido Siglo XIX. “Nunca acogieron nuestros ciudadanos —dice aludiendo al estado de la conciencia colectiva— tal cúmulo de embelecos filosóficos, morales y novelescos con tan deferente atención.” La cifra intelectual de la clase culta no le merece concepto más favorable. “Numerosas personas creen aún, de buena fe —escribe al respecto— que el siglo XIX ha sido el siglo de la Ciencia, con una C mayúscula. Ha sido, ante todo, el siglo de la credulidad científica, de la sorpresa ante la hipótesis de la incierta experiencia, y de la aceptación sistemática de estas hipótesis.”

◘ A excepción del inútil heroísmo con que la bolivianidad se inmola defendiendo el Acre, el acontecer boliviano está, entre 1880 y 1932, desprovisto de todo ímpetu afirmativo. La ficción europeísta ha eliminado en él, cuando menos, la presencia activa y vital de las energías nacionales. Lo que aquélla testimonia, es más bien el enfrentamiento y la atonía del espíritu patriótico.

◘ Tres fueron los principales mitos a cuya advocación encomendó su suerte la oligarquía: el mito de la libertad, el del sufragio, y el de la ley. Es obvio aclarar que, dada su condición de mitos, ninguno de ellos poseyó prácticamente el don de la existencia. Debieron la suya, más bien, a la fe que en ellos puso el espíritu público, en el cual se había insulfado, por medio del periodismo, una noción sobrehumana de la ley, la libertad ey el sufragio. Creíase en estos, por lo tanto, cual se cree en las divinidades.

◘ El principio de que el derecho de sufragio reconoce la capacidad espiritual del pueblo para escoger a sus gobernantes, resulta destruido en el hecho por el deliberado embrutecimiento a que se somete al electorado, anulando en él esa capacidad epsiritual. La ciudadanía es en efecto literalmente idiotizada por una sistemática alcoholización, como medio previo de habilitarla para el acto del sufragio.

◘ La venta del Litoral —200.000 kilómetros cuadrados más o menos— fue convenida en la suma de 6.500.000 Libras Esterlinas, pero lo que de ésta fue pagado por el comprador —como sostiene Luis Espinoza y Saravia en su libro Después de la guerra— no alcanzó a la cifra de 2.500.000 Libras Esterlinas. El justiprecio de los 187.00 kilómetros del Acre transferidos al Brasil, fijó a su vez la cantidad de 2.000.000 Libras Esterlinas también nominales. “Últimamente —según Mercado Moreira informa en Historia internacional de Bolivia— el Tratado Vaca Chávez-Mangabeira del 25 de diciembre de 1928 ha estipulado que el Brasil le entregará a Bolivia un millón de libras —como única obligación”…

◘ Bolivia, mediante su ministro “ante la Corte de Saint James”, otorgó al abogado Willingford Witridge, una concesión para colonizar el Acre. Las cláusulas de aquel contrato son simplemente vergonzosas, como lo atestigua su texto, vedado hasta hoy para la publicidad. Baste saber que la prensa brasileña calificó aquella concesión como “digna del África”. Witridge, una vez aprobado el contrato por el poder Legislativo de Bolivia, vendió la concesión a los brasileros en ciento diez mil libras esterlinas. Ellos, una vez dueños del derecho trasnferido, procedieron a la ocupación del territorio, para disfrutar de la “concesión africana”.

◘ El Acre, el Litoral y el Chaco son el precio que Bolivia paga por la ilusión de civilizarse a la europea, renegnado de su origen y de su destino autóctonos, ilusión que ha nutrido el periodismo capitalista, disolviendo la consistencia del alma nativa.

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