La gaya ciencia

◘ (…) El hombre se ha ido convirtiendo en forma paulatina en un animal fantástico cuya existencia ha de cumplir una condición más que la de cualquier otro animal: cada tanto, tiene que creer saber por qué existe, ¡su especie no puede desarrollarse bien sin una periódica confianza en la vida! ¡Sin fe en la razón contenida en la vida! (…)

◘ (…) Nuestro amor al prójimo, ¿no es un impulso hacia una nueva propiedad? ¿Y lo mismo nuestro amor al saber o a la verdad, y en general todo ese impulso hacia la novedad? Poco a poco nos vamos cansando de lo viejo y poseído con inseguridad, y volvemos a extender la mano; incluso la más bella comarca en la que llevemos viviendo tres meses ya no está segura de niestro amor, y cualquier costa más lejana excita nuestra codicia: la mayoría de las veces, la posesión se vuelve más pequeña a causa del poseer. Nuestro placer en nosotros mismos quiere mantenerse en pie transformando una y otra vez algo nuevo dentro de nosotros: precisamente eso es lo que significa poseer. Hastiarse de una posesión es hastiarnos de nosotros mismos. (…) Cuando vemos a alguien sufrir, nos complace aprovechar la ocasión que ahí se ofrece para tomar posesión de él; esto es lo que hace, por ejemplo, el benéfico y compasivo: también él llama “amor” al deseo de nueva posesión que se ha despertado en él, y ahí experimenta el placer, como si se tratase de una nueva conquista que ya ve próxima. Pero es el amor de los sexos el que más claramente se revela como impulso a la propiedad: quien ama quiere la posesión incondicionada y exclusiva de la persona deseada, quiere un poder igualmente incondicional sobre su alma que sobre su cuerpo, quiere ser el único amado y habitar y dominar en la otra alma como lo supremo y más deseable. Si consideramos que esto no significa otra osa que excluir a todo el mundo de un bien, de una felicidad y de un disfrute preciosos, si consideramos que el que ama ansía el empobrecimiento y la indigencia de todos los demás rivales y que quisiera convertirse en el dragón de su dorado tesoro, en el más falto de escrúpulos y egoísta d todos los “conquistadores” y explotadores, y si consideramos, por último, que a quien ama todo el resto del mundo le parece indiferente, pálido y carente de valor y que está dispuesto a hacer todo sacrificio, a perturbar todo orden, a postergar todo interés. Nos asombraremos, en verdad, de que esta salvaje codicia e injusticia del amor de los sexos haya sido tan glorificada y divinizada como lo ha sido en todas las épocas, y aun más nos asombraremos de que este amor se haya tomado el concepto de amor como lo contrario de egoísmo, mientras que quizá sea precisamente la más desinhibida expresión de egoísmo. (…)

◘ Lo que de nosotros mismos sabemos y tenemos en la memoria no es tan decisivo para la felicidad de nuestra vida como se suele pensar.
Un día, lo que los demás saben (o creen saber) de nosotros se nos precipita encima, y en ese momento advertimos que es más poderoso. Es más sencillo superar una mala conciencia que una mala reputación.

◘ A un santo se le acercó un hombre que llevaba en brazos a un bebé recién nacido. “¿Qué hago yo con él?”, preguntó, “está espantosamente malformado y no tiene la vida suficiente para morir”. “Mátalo”, exclamó el santo con voz aterradora, “mátalo”, y después tenlo tres días y tres noches en tus brazos, a fin de que se te quede grabado en la memoria: así no volverás a engendrar un hijo cuando no sea para ti el tiempo oportuno para hacerlo”. Al escuchar esto, el hombre se fue decepcionado; y muchos censuraron al santo porque había aconsejado una crueldad: matar al niño. “Pero, ¿no es más cruel dejarle vivir?”, dijo el santo.

◘ Jamás tienen éxito esas pobres mujeres que en presencia de aquel a quien aman se ponen intranquilas e inseguras y hablan demasiado: pues lo más seguro para seducir a los hombres es una cierta ternura reservada e impasible.

◘ “—Tengo sed de un maestro del arte musical”, dijo un innovador a sus discípulos, “sed de que aprenda mis ideas y de que en adelante las diga en su lengua; así penetraré mejor en el oído y en el corazón de los hombres. Porque con sonidos se puede seducirlos a todos los errores y verdades; ¿quién podría refutar un sonido?” “—Pues, querrías ser considerado irrefutable?”, dijo su discípulo. El innovador repuso: “—Me gustaría que la semilla se convirtiera en árbol. Para esto, una doctrina tiene que ser creída durante bastante tiempo, y tiene que ser considerada irrefutable. Al árbol le hacen falta tormentas, dudas, gusanos, maldad, para revelar el tipo y la fuerza de su semilla; ¡y que se rompa si no es lo suficientemente fuerte! ¡Pero sólo puede ser aniquilada, no refutada!” Cuando el innovador terminó de hablar, su discípulo exclamó con gran impetuosidad: “—Pero yo creo en tu causa y la considero tan fuerte que diré todo lo que tengo contra ella”. El innovador se rió para sus adentros y lo amenazó con el dedo. “Este tipo de discípulos —dijo después—, es el mejor, pero el más peligroso, y no todo tipo de doctrina lo tolera”.

◘ ¿No habéis oído de aquel hombre loco que una luminosa mañana encendió un farol, corrió al mercado y se puso a gritar incesantemente: “¡Estoy buscando a Dios, estoy buscando a Dios”? Justo allí se habían juntado muchos de los que no creían en Dios, por lo que levantó grandes carcajadas. “¿Acaso se te ha extraviado?”, dijo uno. “¿Se ha perdido como un niño?”, dijo otro. “¿O es que se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se ha embarcado?, ¿habrá emigrado?”, así gritaban y se reían todos a la vez. El hombre loco de un salto se puso en medio de ellos y los taladró con su mirada. “¿Adónde se ha marchado Dios?”, exclamó, “¡os lo voy a decir! Lo hemos matado. ¡Todos somos sus asesinos! Pero ¿cómo lo hemos hecho? (…) ¿No oímos todavía nada del ruido de los enterradores que están enterrando a Dios? ¿No olemos todavía nada de la podredumbre divina? ¡También los dioses se pudren! ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo consolarnos, nosotros asesinos de los asesinos? Lo más santo y más poderoso que el mundo poseía hasta ahora se ha desangrado bajo nuestros cuchillos, ¿quién nos limpiará de esta sangre? ¿Con qué agua podríamos purificarnos? ¿Qué ceremonias expiatorias, qué juegos sagrados tendremos que inventar? ¿No es la grandeza de esta hazaña demasiado grande para nosotros? ¿No tenemos que convertirnos nosotros en dioses para parecer dignos de ella? No ha habido nunca hazaña mayor, ¡y quienquiera que nazca después de nosotros formará parte, por causa de esta hazaña, de una historia superior a toda la transcurrida hasta ahora!”.
Aquí el hombre loco se quedó callado y volvió a dirigir la vista a sus oyentes; también estos callaban y lo miraban extrañados. Finalmente tiró su farol al suelo, de modo que se hizo pedazos y se apagó. “He venido demasiado pronto”, dijo después, “no es todavía mi momento. Este acontecimiento enorme está todavía viniendo y de camino, y no ha llegado aun a oídos de los hombres. El relámpago y el trueno necesitan tiempo, la luz de las estrellas necesita tiempo, las hazañas también, después de hechas, para ser vistas y oídas. Esta hazaña sigue siendo para ellos más lejana que las más lejanas estrellas, ¡y sin embargo la han hecho!”.
Se cuenta además que ese mismo día el hombre loco se metió en distintas iglesias y que en ellas entonó su requiem aeternam deo [descanso eterno para Dios]. Llevado fuera e interrogado, se dice que sólo repuso esto: “¿Qué otra cosa son aun estas iglesias que tumbas y estelas funerarias de Dios?”.

◘ La decisión cristiana de encontrar el mundo feo y malo ha convertido al mundo de esa manera.

◘ El pecado, como es ahora el sentido dondequiera que el cristianismo domina u otrora dominó, es un sentimiento y un invento judío. Y en lo relativo a este trasfondo de toda moralidad cristiana, el cristianismo estaba en verdad encaminado a un devenir judío del mundo. Hasta qué grado lo consiguió en Europa es algo que se aprecia con la mayor claridad en lo ajena que la Antigüedad griega —un mundo sin sentimientos de pecado— resulta aun para nuestra forma de sentir, a pesar de toda la buena voluntad de acercamiento y asimilación de la que generaciones y muchos individuos excelentes no han carecido en modo alguno. “Solo si te arrepientes Dos será clemente contigo”: esto es para un griego motivo de carcajada y de irritación. Él diría: “eso es lo que pensarán los esclavos”. (…)

◘ Si Dios quisiese llegar a ser objeto de amor, habría tenido que renunciar primero a juzgar y ala justicia; un juez no es objeto de amor, ni siquiera un juez clemente lo es. El fundador del cristianismo no sintió en este punto con la bastante finura: era judío.

◘ Encontrar profundas todas las cosas, esta es una característica incómoda, hace que uno fuerce la vista continuamente y que al final encuentre siempre más de lo que deseaba.

◘ El modo más pérfido de perjudicar una cosa es defenderla premeditadamente con razones defectuosas.

◘ Oímos sólo las preguntas a las que somos capaces de encontrar respuesta.

◘ El orgulloso siente cólera aun con quienes lo llevan hacia delante; mira mal a los caballos de su coche.

◘ A menudo, la generosidad de los ricos no es más que una especie de timidez.

◘ Cuando se tiene una voz muy alta casi se es incapaz de pensar cosas delicadas.

◘ Los padres y los hijos se tienen entre sí mucho más respeto que las madres y las hijas.

◘ Mucho me temo que los animales contemplan al hombre como un ser de su misma clase que, de manera sumamente peligrosa, ha perdido el sano sentido común de los animales; lo contemplan como el animal loco, el que ríe, el que llora, el infeliz.

◘ Quien quiere mediar entre dos pensadores resueltos lleva la marca del mediocre, no tiene ojos para ver lo único; apreciar todo parecido e igualarlo es señal de que tiene la vista débil.

◘ Un día alcanzamos nuestra meta y, a partir de ese momento señalamos con orgullo qué largos viajes hemos hecho. En realidad no nos percatábamos de que estábamos viajando. Pero de esa forma hemos llegado tan lejos que en todos los sitios creíamos estar en casa.

◘ Ningún vencedor cree en el azar.

◘ Uno solo nunca tiene razón, pero con dos empieza la verdad. Uno solo no puede demostrarse a sí mismo, pero a dos ya no se los puede refutar.

◘ ¿Qué es la originalidad? Ver algo que todavía no tiene nombre, que todavía no puede ser nombrado, aunque está a ojos de todos. Como suelen ser las personas, una cosa no se hace visible para ellas hasta que recibe un nombre. Las personas originales han sido en su mayoría las que han puesto los nombres.

◘ Cuando amamos queremos que nuestros defectos permanezcan ocultos, no por vanidad sino porque el ser querido no debe sufrir. Es más, quien ama gustaría parecer un dios, y no por vanidad.

◘ ¿Qué son, en última instancia, las verdades del hombre? Son los errores irrefutables.

◘ “Mis pensamientos”, dijo el caminante a su sombra, “deben mostrarme dónde me hallo; pero no deben dejarme saber hacia dónde voy. Adoro ignorar el futuro, y no quiero sucumbir por impaciencia y por anticiparme a degustar cosas prometidas”.

◘ El epicúreo escoge la situación, las personas e incluso los acontecimientos que se adaptan a su constitución intelectual, que es extremadamente excitable, y renuncia a todo lo demás —es decir, a la mayor parte de las cosas— porque esa resultaría una dieta demasiado fuerte y pesada. El estoico, en cambio, se ejercita en tragar piedras y gusanos, cristales rotos y escorpiones, y en que nada le produzca repugnancia; su estómago debe acabar volviéndose indiferente a todo lo que el azar de la existencia vierta en él; recuerda a aquella secta árabe de los assaua que se conoce en Argel, e igual que esos insensibles gusta de tener en la exhibición de su insensibilidad un público invitado, del que precisamente el epicúreo prescinde gustoso ¡y es que él tiene su “jardín”! Para las personas con las que el destino improvisa, para quienes viven en épocas violentas y dependiendo de personas repentinas y cambiantes, puede que el estoicismo sea muy aconsejable. Pero quien de algún modo vislumbre que el destino le permite hilar un largo hilo hará bien en acomodarse epicúreamente; çtodos los hombres que se han dedicado a tareas intelectuales lo han hecho hasta ahora! Y es que para ellos la pérdida de las pérdidas sería verse privados de su delicada excitabilidad y que a cambio les regalasen la dura piel estoica con púas de erizo.

◘ ¡Dejemos de pensar tanto en castigar, reprochar y hacer mejorar! A un individuo rara vez lo modificaremos; y si lo logramos, quizás hayamos logrado a la vez, sin proponérnoslo, otra cosa: ¡ser modificados nosotros por él! ¡Tratemos más bien de que nuestra propia influencia sobre todo lo venidero contrapese y supere la suya! ¡No nos empeñemos en una lucha directa (en eso es en lo qu e consiste todo reprochar, castigar y querer hacer mejorar)! ¡Sino, más bien, elevémonos a nosotros mismos tanto más hacia lo alto! ¡Demos a nuestro modelo colores cada vez más brillantes! ¡Oscurezcamos al otro con nuestra luz! ¡No, no nos hagamos nosotros mismos más oscuros por causa de él, igual que todos los castigadores y descontentos! ¡Es preferible apartarse! ¡Mirar a otro lado!

◘ (…) Ahora nos avergonzamos ya de la calma; la larga meditación da casi remordimiento de conciencia. Pensamos con el reloj en la mano, igual que comemos con la mirada puesta en el diario de la Bolsa; vivimos como alguien que continuamente “podría estar dejando pasar algo”. “Mejor hacer cualquier cosa que no hacer nada”, también este principio es una cuerda que estrangula toda cultura y todo gusto elevado. (…) La demostración de ello reside en la burda claridad que ahora se exige en todas partes, en todas las situaciones en las que las personas quieren ser sinceras con otras personas, en el trato con amigos, mujeres, parientes, niños, maestros, discípulos, caudillos y príncipes: ya no se tiene tiempo ni fuerza para las ceremonias, para la amabilidad que da rodeos, para todo espirit del entretenimiento, y en general para cualquier otium [ocio]. Pues la vida a la caza del beneficio fuerza constantemente a gastar el propio espíritu, hasta el agotamiento, en un constante disimular, o ser más astuto, o adelantarse; la auténtica virtud es ahora hacer algo en menos tiempo que los demás. Y así, rara vez hay momentos de sinceridad que esté permitida; (…)

◘ Antes, uno quería forjarse una reputación; ahora esto ya no basta, puesto que el mercado se ha vuelto demasiado grande; hace falta todo un griterío. La consecuencia es que también las buenas gargantas gritan hasta quedarse afónicas, y que las mejores mercancías son ofrecidas por voces roncas; ya no hay ahora genio alguno que no tenga que anunciarse en el mercado a voz en grito, hasta caer en la ronquera. Esta es, en verdad, una mala época para el pensador: tiene que aprender a encontrar su silencio entre dos ruidos y a hacerse el sordo hasta terminar siéndolo. Mientras no haya aprendido esto, corre peligro de perecer de impaciencia y dolores de cabeza.

◘ (…) Un hombre que ama como una mujer se convierte en un esclavo, mientras que una mujer que ama como una mujer se convierte en una mujer más perfecta. (…) La mujer se entrega, el hombre acepta: creo que esta contraposición natural no se superará mediante contrato social alguno, tampoco mediante la mejor de las voluntades de justicia, por deseable que sea no poner constantemente a nuestra propia vista lo duro, horrible, enigmático e inmoral de este antagonismo. Pues el amor de una pieza, grande, pensado hasta el final, es naturaleza, y en tanto que naturaleza será eternamente algo “inmoral”.Por consiguiente, la fidelidad está incluida en el amor de la mujer, se sigue de su definición. En el hombre puede surgir fácilmente como secuela de su amor, por ejemplo como agradecimiento o como idiosincrasia del gusto o como la denominada afinidad electiva, pero no forma parte de la esencia de su amor, y tan poca parte de él forma que, en el caso del hombre, casi tendríamos derecho a decir que existe una contraposición natural entre amor y fidelidad; es precisamente un querer tener, no un renunciar y entregar, y el querer tener se acaba siempre con el tener…Realmente es la sutil y recelosa sed de posesión del hombre, quien se confiesa ese “tener” rara vez y tarde, la que hace que persista su amor, por ello es posible incluso que su amor siga creciendo después de la entrega: no admite fácilmente que una mujer ya no haga nada más que “entregar” por él.

◘ Cuando se escribe se pretende no sólo ser entendido, sino también —no es menos cierto— no ser entendido. Que alguien encuentre un libro ininteligible noe s aun, de ningún modo, una objeción contra ese libro; quizá justo eso formaba parte del propósito de quien lo escribió, pues no qería ser entendido por “cualquiera”.
Cuando quiere comunicarse, todo espíritu y gusto dotado de cierta distinción elige también sus oyentes; al elegirlos traza al mismo tiempo sus barreras contra “los otros”. (…)

★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★

Esta entrada fue originalmente publicada en el blog NSG el 15/01/15 a las 19:26 y alcanzó 76 visitas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s