El judío internacional

◘ La más desastrosa teoría es aquella que pone en íntimo contacto y armonía las ideas modernas con las catástrofes que de ellas emanan, diciendo que “todo son señales del progreso”, pues si realmente lo son, será de un progreso que lleva al abismo. No es posible señalar un progreso efectivo en el hecho de que nosotros, allí donde nuestros antepasados utilizaban molinos de viento o hidráulicos, empleemos motores eléctricos. La idea de un verdadero progreso sería la respuesta a estas preguntas: ¿qué influencia ejercen sobre nosotros esas ruedas? ¿Fue mejor o peor que la actual, la sociedad de la época de los molinos de viento? ¿Ha sido más uniforme en costumbres y moral? ¿Poseía más estima ante la ley y forjaba caracteres más elevados?

◘ Dijimos que son víctimas los pueblos no judíos de este comercio artificiosamente cultivado de objetos de lujo inútiles. ¿Se vió una sola vez que los judíos hayan sido víctimas de tales nimiedades? Cierto es que se visten llamativamente, mas hay que convenir en que precio y valor coinciden. Ostentan enormes brillantes, pero son de buena ley. El judío jamás es víctima de otro judío. Los lujos estrambóticos y las “diversiones” son para la plebe. El judío sabe perfectamente con que se ceba, y conoce exactamente el valor de todos estos medios.
Lo más lamentable de todo ello no es la pérdida de valores financieros, ni tampoco el atentado contra el buen gusto, sino el innegable hecho de que las masas no-judías caen en estas redes voluntaria y gustosamente. Aguantan el cambio de moda, como si este fuera tan inevitable como la llegada de la primavera, toleran también este repetido atentado contra sus entradas, como si se tratara de las contribuciones más necesarias y naturales del mundo. Las masas que suponen que representan algún papel de estos asuntos, siendo así que el único que juegan es el de pagar, y pagar cuando la “última moda” deja atrás a la penúltima. Existen personas que saben ya con dos años de anticipación lo que serán las tonterías de la moda y demás torpezas populares. ¡Nada tiene de asombroso, puesto que son ellos los que las preparan! Esto no es más que negocio, si bien sumamente desmoralizador para la mayoría no-judía, pero lucrativo para la minoría judía.

◘ Aseveran los Protocolos que les es imposible a los no-judíos descubrir sus intenciones, pues las ideas seductoras se lanzaron tan consciente y persistentemente entre ellos, que se destruyó su facultad intelectual casi por completo. Por suerte, cada no-judío está perfectamente en condiciones de comprobar en sí mismo, la certeza de tal aserto. Cuando reflexione seriamente sobre las ideas que predominan en él y en especial sobre las que giran en torno del centro de gravitación denominado “democracia”, advertirá que su intelecto se halla dominado por innumerables ideologías, de cuyo origen o de cuyo valor intrínseco nunca se dio cuenta exacta. Cuando siga reflexionando sobre estas ideas y halle que son irrealizables, probablemente dirá que “todavía estamos un tanto atrasados en nuestro desarrollo o evolución de progreso”. Mas si observa la forma y manera como otros más adelantados realizan prácticamente esas ideas, se asustará en extremo. Lo que se llama allí “progreso”, resulta en realidad un retroceso, o sea una forma determinada de la descomposición. Y, no obstante todo esto, cada idea en si misma era “buena, racional, excelente y humanitaria”. Avanzando un poco más, advertirá el no-judío que estas ideas suelen divulgarse por el mundo con más persistencia que ninguna otra. Y, finalmente, comprenderá también quiénes son siempre los profetas de tales ideas.

◘ Se unen a todo esto los ataques contra la natural sed humana de religión. También tendrá que caer esta última barrera antes de que la violencia y el latrocinio puedan desplegarse libre y descaradamente. Dice el cuarto Protocolo, para ir preparando esta situación deseada: “Por esta razón nosotros deberemos socavar la fe de los infieles, eliminando de su corazón hasta las fundamentales ideas de Dios y del alma, que reemplazaremos con cálculos matemáticos y pensamientos materialistas. Cuando nosotros privábamos a las masas de su fe en Dios, la autoridad quedó enlodada, y al quedar transformada en propiedad pública, fuimos nosotros los que nos apoderamos de ella” (Protocolos 5º).

◘ (…) Cinco generaciones fueron viendo y juzgando la revolución francesa bajo la errónea y engañosa luminosidad que muy hábilmente se le supo dar. Se sabe hoy que aquella revolución no fue obra del pueblo francés, sino el crimen de una minoría que pretendió imponer a la fuerza a ese pueblo, el mismo plan que aquí nos ocupa. Y fue precisamente el pueblo el que derribo la Revolución, mal llamada Francesa. Pero a partir de entonces, como resultado de esa rebelión planeada por una minoría perfectamente organizada. Francia no pudo ya librarse jamás del yugo de un dominio hebreo.

◘ El objetivo último parece ser Sudamérica. El hebraísmo se sirve, para lograr la hegemonía mundial, de dos medios: el manejo de dineros y la utilización de personas. No existe gobierno ni Iglesia, ni ninguna otra organización en el mundo entero, que upeda transplantar a 250.000, o 500.000, o hasta un millón de personas de una parte a la otra del mundo, tal como traslada sus ejércitos un general. El ebraísmo, en cambio, puede hacerlo, y lo hace ahora. Es todo cuestión de fletamentos. Desde Polonia, donde la todopoderosa conferencia de la paz creó especiales prerrogativas para los hebreos, tanto que estos deberían tener fundados motivos para permanecer allí, se esta preparando un inmenso traslado hacia el Oeste. Una parte de esas masas es dirigida hacia América del sur. Otra parte de los ya emigrados a los Estados Unidos embarcará también con rumbo al continente Sur, después de cierto período preparatorio en nuestro país.

◘ Aun los jóvenes de 13 a 18 años de edad poseen la suficiente elevación espiritual para apreciar la función moderna del arte teatral. Se pretende entretener al “hombre de negocios fatigado”, y con tan huera frase se justifica la absoluta ausencia de espiritualidad. Se apoya todo este “arte” en la mentalidad de los sin carácter, que voluntariamente confían en los trucos del tramoyista. Si a veces se representa aún alguna obra sana y limpia, es como una concesión a una moribunda generación de aficionados al buen arte escénico. La generación actual prefiere otro manjar. ¿Tragedia? ¡Estupidez! ¿Desarrollo de caracteres más profundos de lo que pueda comprender el criterio de un adolescente? ¡No se cotiza! Descendió la ópera cómica al nivel de los efectos luminotécnicos y al de las dislocaciones de miembros, y su música a un lascivo frenesí. Sensacional, estúpido y vulgar es el tema preferido. El adulterio es el tema primordial. Exhibición de carne desnuda en lujurioso grupo, racimos de mujeres cuya vestimenta pesa apenas cinco gramos: tal es el “arte moderno” para el empresario hebreo.

◘ No ofrecería de por sí grandes motivos de queja el predominiio hebreo en al vida teatral. El hecho de que ciertos judíos, ricos, aisladamente o en grupos, lograran arrebatar tan rica fuente de ingresos de manos de sus antiguos dueños no-judíos, será, tal vez, cuestión de mejores facultades comerciales, gajes del “negocio”. Mas lo primordial del asunto radica en saber por qué medios se logró tal predominio y cómo y con qué fines se utiliza.

◘ Por lo pronto, es un hecho evidente que los anteriores empresarios no-judíos murieron pobres, siendo su principal tarea la de favorecer al arte y a sus intérpretes, y no la de lograr ganancias. En cambio, los empresarios y realquiladores de locales judíos, suelen enriquecerse desmedidamente, dándole al teatro un carácter de empresa puramente comercial. (…)

◘ (…) Puede decirse que no hay nación en que no exista o se proyecte una ley sobre censura cinematográfica. Estas leyes hallan siempre tenaz oposición entre elementos moralmente inferiores, borrachines y tahures, en tanto las apoya aquella parte de la población consciente del peligro moral que este problema involucra. Bajo el manto de la oposición, se calcula siempre la gran empresa filmadora de propiedad hebrea.

◘ (…) Las películas pugnan mutuamente en inmundicia sexual, y en la exposición de crímenes cada vez más audaces. Se aduce en su defensa que la industria cinematográfica es en los Estados Unidos la cuarta o quinta en extensión e importancia, y que no se debe por ello coaccionar. Se calculó que la película honesta puede tal vez arrojar 100.000 dólares de ganancia, en tanto que el “problema sexual” rendirá siempre de unos 250 a 500.000 dólares.

◘ En la referida Junta de Cinematografistas dióse lectura también al siguiente párrafo de una misiva dirigida por un señor Piere, representante especial de la Compañía Cinematográfica Oliver Morosco, al gerente de la Cámara de Cinematografía: “Como, personalmente sabemos, ordenóse retirrar de los cinematógrafos de la Mutua películas como “La vida de Nuestro Señor Jesucristo”, por suponer que tal espectáculo podría lastimar los sentimientos judíos”. Por lo tanto, la sensibilidad judía es como la de un niño caprichoso y mimado. En realidad, no es la lucha por la preconizada violación de sentimientos religiosos hebreos, sino por suprimir sagrados derechos no-judíos. Los portavoces judíos, para tergiversar la cuestión, formulan así la pregunta: “¿Cómo es posible que tres millones de judíos constituyan un peligro para un pueblo de 110.000.000 de no-judíos?” Y ¡cuánto testaferro no-judío repite estúpidamente, con la parsimonia del sabio, esta frase huera! Se podría, en cambio, formular la pregunta contraria: “¿Qué significa, que a un pueblo de 110.000.000 de almas pertenecientes casi exclusivamente al cristianismo, se le prohíba ver una película cinematográfica que represente “La vida de Cristo”, sólo porque podría lastimar los sentimientos de muy pocos descendientes de Judas?”. Mas en el caso presente, no se trata, en realidad, de una comparación de números, sino del hecho innegable de que así como los judíos tienen la mano en el timón cinematográfico, ordenando sin restricción alguna, en lo que el gran público tenga o no que ver, también ejercen una cruel censura sobre toda nuestra existencia espiritual e intelectual.

◘ La publicidad cinematográfica, apenas velada, va, ante todo, contra la comunidad religiosa no-judía. Nunca aparecerá en escena un rabino, como no sea en postura digna, rodeado de todo el ceremonial de su misión y en la forma más impresionante posible. Los sacerdotes cristianos, en cambio, y esto podrá confirmarlo cualquier aficionado al cine, están enteramente expuestos a toda índole de rebajamientos, desde la ridícula comicidad, hasta lo más brutalmente criminal. Como en numerosas de las ocultas influencias de nuestra vida, siempre de origen hebreo, se ve aquí también una intención puramente semita, la de empequeñecer en lo posible la reverencia debida al sacerdocio Jamás debe aparecer en la pantalla un judío como dueño de una “estufa”, míseros talleres de sastrería, aunque todas las “estufas” pertenecen exclusivamente a judíos. En cambio, se puede simplemente hacer cualquier caricatura de un sacerdote cristiano, desde seductor de vírgenes, hasta el más vulgar de los ladrones.

◘ Las revoluciones no caen del cielo, sino que se conciben y preparan. La novísima ciencia histórica llega a la conclusión de que la revolución no presenta la rebelión espontánea de las masas, sino que es obra determinada de determinadas minorías. Jamás hubieron revoluciones populares. Siempre la civilización y la libertad sufrieron enormemente con las revoluciones. Mas cuando se desea preparar una revolución, debe efectuarse también el “ensayo”. Consiste éste en manifestaciones callejeras, en tumultos ante las grandes fábricas y edificios públicos (…)

◘ El individuo honesto acepta que se adopten medidas de censura, en lo que se refiere a la representación cinematográfica de crímenes propiamente dichos. Protesta la policía de que se enseñe en las películas la técnica de asesinar con todos los detalles a un agente. Lo mismo hace el comerciante honrado contra la licencia de que se dicten cursos especiales en el arte de fracturar cajas de hierro. Partidarios de la moral pública se alzan contra el hecho de que el arte de engañar doncellas se convierta en tema principal de las películas, porque ven en ello una escuela de perversión que necesariamente ha de tener para la sociedad humana terribles consecuencias.

◘ (…) Todos los norteamericanos deben saber que Nueva York no es su principal ciudad, sino que los Estados Unidos comienzan al oeste de la población. El pueblo norteamericano considera esa región costera oriental como una marisma y terreno de fiebres del que emanan hedores pestilentes de todo lo que nos inunda, en cuanto a ideas malsanas y disolventes. Es un gran error el querer ver en este foco de propaganda anti-yanqui, de histerismo pro-judío, y de falsificación de moneda espiritual, algo como un reflejo de la vida norteamericana. Nueva York es una provincia extraña más allá de los límites de Estados Unidos.

◘ (…) En la actualidad, se eliminan en un gran número de ciudades todos los libros de las bibliotecas que tratan de los hebreos tal como son, los libros que elogian a los judíos quedan y son difundidos.

◘ Consiste la primera respuesta de los judíos a cualquier crítica de su raza por un no-judío, en la amenaza y hasta en la ejecución de medios terroristas; si es un comerciante, se le declara el boicot. La táctica que se sigue en tales casos suele ser la circulación, primero de boca en boca, de la amenaza: “hagamos callar a ese”. Después por medio de la prensa aparece diariamente, en lo posible con un encabezamiento llamativo, el ataque, haciendo los editores pregonar sus hojas “con revelaciones sensacionales”. Se resuelve no comprar directamente a dicho comerciante, y boicotear también a todo aquel que le compre. Consiguieron con este método seguido al pie de la letra, causar el consabido “temor a los judíos”. (…)

◘ Se inquiere a veces por la veracidad de los Protocolos de Sión. ¿No se presenta automáticamente allí donde los hebreos luchan por el poder político,o donde lo lograron? Preséntase en la literatura rabínica, en las pretensiones hebreas en los Estados Unidos, en las exigencias hebreas en los países balcánicos. También aporta el proceder de los judíos en Rusia una prueba contundente. Cada fase de la historia moderna hace aparecer a los “Protocolos” como el ideal y el programa práctico hebreos.

◘ (…) a Polonia se le prohíbe realizar elecciones o censos en un sábado. El sábado mosaico constituye la festividad legal. Depende de ella el gobierno y los juzgados. El domingo ¡haced lo que queráis, escrutinios o censos, como se hace en Polonia y Alemania! Mas no en sábado. Es el día de Judas…

◘ Alguien dijo: “Dejadme hacer las canciones de un pueblo, y conseguiré más que dictando sus leyes”. En nuestra patria el judío mete sus zarpas en una y otra cosa.

◘ Se oye aún decir que los Estados Unidos hacen esto y lo de más allá, “que sin los Estados Unidos el mundo entero cambiaría muy pronto de aspecto, que los yanquis son un pueblo avaro y sin alma”. Pero ¿por qué? Porque el poderío financiero hebreo sentó sus reales en nuestra tierra, acuñó monedas, abusando tanto de nuestra favorable posición como de la miseria de Europa, enfrentando a una parte del mundo contra otra, y también porque los hombres de negocios yanquis no son en realidad tales yanquis, sino judíos, que representan en muchos casos a su propia raza tan indignamente como a la nación norteamericana.
Estados Unidos no desea que el centro hebraico arraigue en este país. No deseamos entronizarnos como un ídolo de oro sobre los demás pueblos. Queremos ayudar a esos pueblos, mas con valores reales, no en nombre ni bajo el signo del oro.

◘ Queda aquí establecida netamente la idea de que los derroches y las deudas, favorecen el poderío del prestamista hebreo. No acredita éste, dinero para fortificar las industrias, sino para explotarlas. Cualquier opulencia independiente, industrial o agrícola, amenaza su preponderancia mundial. Debe la industria, entonces, refrenarse por medio de la especulación, que se aumentará a su vez con el cotidianamente más creciente lujo. Un pueblo trabajador puede muy pronto librarse de deudas con el producto de su trabajo. Por eso es preciso despertar en él apetitos nuevos y mantenerlo en la esclavitud deudora. Consiste uno de los medios para ello en “deshabituar” a la vida del campo.
“Lograremos por la fuerza el aumento de jornales, mas no serán beneficiosos para los obreros, porque al propio tiempo aumentaremos los precios de todas las necesidades de la vida, con el pretexto de que es el resultado de la crisis de la agricultura y la ganadería. Socavaremos también profunda y artificialmente, las fuentes de toda sana producción, a fin de infiltrar a los obreros ideas ácratas e inducirles al alcoholismo…”

◘ (…) Para la gente cuya herramienta es el dinero, una crisis económica resulta mucho más lucrativa que una época prolongada de bienestar económico.

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Esta entrada fue originalmente publicada en el blog NSG el 24/01/16 a las 9:41 y alcanzó 294 visitas.

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